emiliani ongd

África, cuestión de vida; cuestión debida
                                 ¿Crisis? ¿Y entonces lo del Cuerno de África...?

Estos últimos meses, un bombardeo continuo en los medios sobre la catastrófica hambruna que está sufriendo el Cuerno de África, tal vez a más de uno nos haya removido en nuestros sofás del salón, al recordarnos el impacto dramático del hambre en el mundo.
A veces los medios hasta se han hecho eco de las urgentes llamadas a colaborar, lanzadas por Naciones Unidas, UNICEF, ACNUR, Manos Unidas y Cáritas; la Iglesia, por boca de Benedicto XVI en su reciente viaje a Benin, pero no sólo; y muchísimas otras organizaciones más pequeñas y menos conocidas -pero no por eso menos comprometidas- hasta el punto que se han sido casi exclusivamente ellas altavoces de tantos millones y millones -obvio datos estadísticos por inútiles- de seres humanos, especialmente niños, que mueren de hambre sin solución de continuidad, como consecuencia de opciones políticas digamos que equivocadas (pero se podría decir fraudulentas o delictivas).

emiliani

Porque en realidad vivimos en un mundo de abundancia: datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) demuestran que hoy se produce comida para 12.000 millones de personas; y en el planeta habitan 7.000. ¡Hay comida, claro que hay!
Entonces, ¿por qué una de cada siete personas en el mundo pasa hambre? Insisto: no nos enfrentamos a un problema de producción de comida, sino a un problema de acceso, de distribución. Estamos ante un problema político. Es una cuestión de justicia social.
La hambruna en el Cuerno de África no es de hoy: Somalia, por ejemplo -país que a pesar de las sequías recurrentes, fue autosuficiente en la producción de alimentos hasta hace treinta años-, vive una situación de inseguridad alimentaria desde hace veinte. Sequías e inundaciones - con la consiguiente pérdida de cosechas y ganado-, junto a conflictos bélicos interminables… contribuyen, es cierto, a agudizar una situación de extrema vulnerabilidad alimentaria; pero no son los únicos factores que la explican. Los fenómenos meteorológicos pueden agravar el problema de la alimentación en un país, pero no explican, por sí solos, las causas del hambre. En el tema de producción de alimentos, el control de los recursos naturales es clave para entender quién produce y para qué. En muchos países del Cuerno de África -y podríamos decir, también, de América Latina y Asia-, el acceso a la tierra es un bien escaso. La compra masiva de suelo fértil por parte de inversores extranjeros (agroindustria, Gobiernos, fondos especulativos…) fue provocando la expulsión de miles de campesinos de sus tierras y, como consecuencia, haciendo que disminuyera la capacidad de estos países para autoabastecerse. Y pasa -¡menuda contradicción!- que mientras el Programa Mundial de Alimentos da de comer a millones de refugiados en Sudán, gobiernos extranjeros (Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Corea…) les compran sus tierras para producir y exportar alimentos para sus poblaciones.
La especulación financiera con el precio de cereales básicos es otro de los detonantes de la hambruna en el Cuerno de África. Somalia, Etiopía, Kenia son algunos de lospaíses donde el precio del maíz, del sorgo rojo o del trigo subió de manera desorbitada con relación al año anterior, convirtiéndolos en alimentos inaccesibles.
Hay todo un intríngulis de ingeniería financiera en la compra y venta de estas mercancías, que no corresponde a intercambios comerciales reales: las inversiones en el sector agrícola son de carácter especulativo; se compran y venden materias primas con el objetivo de especular y hacer negocio, repercutiendo finalmente el aumento del precio de la comida en el consumidor final. Los mismos bancos, fondos de alto riesgo, compañías de seguros que causaron la crisis de las hipotecas subprime, son quienes hoy especulan con la comida de estas poblaciones.
La crisis alimentaria global y la hambruna en el Cuerno de África son debidas a la globalización alimentaria, al servicio de los intereses privados. La cadena de producción, distribución y consumo de alimentos está en manos de unas pocas multinacionales que anteponen sus intereses particulares a las necesidades colectivas. Esto ha hecho que, en las últimas décadas, los Estados del sur se hayan quedado sin voz para decidir sobre sus propias políticas agrícolas y alimentarias.

Si queremos acabar con el hambre en el mundo es urgente apostar por políticas agrícolas y alimentarias que coloquen en su centro a las personas y a los campesinos, con sus necesidades, y al ecosistema. No hay otra. Porque en el Cuerno de África la crisis no sólo es real, es injustamente permanente, es endémica.

Para las ONGs que, como EMILIANI, ongd, apoyamos programas de colaboración con PVD -países en vías de desarrollo- corren tiempos duros, pues aquí, entre nosotros, no se habla más que de recortes, como consecuencia de "nuestra" crisis; y si se recorta para aquí, imaginaos lo que recortamos para afuera [léase: solidaridad]...
Las ayudas a la cooperación han sido de las primeras en saltar: "es que estamos en crisis, aquí hay mucha gente que se lo está pasando mal". Efectivamente. Os aseguro que algo sé de eso, que tengo datos "vitales" de la situación de aquí... No hay más que ver como cada día son más las personas que me encuentro por la calle hurgando en los contenedores de basura; ¿qué buscarán, Dios mío? Y sin embargo...

Es difícil renunciar al propio pasado. ¡Con los años que llevo alejado de la docencia...! y la vena salta a la primera ocasión... Mientras escribo esta reflexión, me vienen a la cabeza los versos -¡inmensos, certeros, cabales!- de Calderón en La vida es sueño, muy apropiados, creo, para mi conclusión. Y que cada uno se saque la suya:

«Cuentan de un sabio que, un día,
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro -entre sí decía-
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó
.»                                                            Francisco M. FERNÁNDEZ, crs

© Chesco/50 --- EMILIANI, ongd
c/Islas Aleutianas, 26 - 28035 Madrid - España - tel +34 913169909 - info@fundacionemiliani.org