Desde 1964, y por iniciativa del maestro Llorenç Vidal, el 30 de enero de cada año se celebra el Día Escolar de la No Violencia y la Paz [DENIP] al coincidir ese día con el aniversario de la muerte del líder nacional y espiritual de la India, el Mahatma Gandhi.
Gandhi había nacido en Porbandar (India) en 1869, y tras graduarse en derecho en Inglaterra, se fue a vivir y a trabajar a África del sur. Allí se rebeló y combatió la discriminación a la que estaban sometidos los indios que trabajaban en ese país. De regreso a la India, organizó la resistencia -cuya filosofía, de raíces profundamente religiosas, tiene como principio fundamental la no violencia- contra el colonialismo inglés que explotaba a los nativos y abusaba de su condición de amo político del país. La lucha consistió fundamentalmente en la no cooperación con la administración inglesa. Más adelante, tras la independencia del su país en agosto de 1947, trató de frenar los choques que se produjeron entre hindúes y musulmanes, pues los colonialistas británicos habían impuesto como condición para retirar sus tropas, la división del territorio en dos estados: India, de religión mayoritaria hindú, y Pakistán, de religión sobre todo musulmana. Encarcelado en numerosas ocasiones, en 1937 era el líder de un movimiento independentista pacífico capaz de movilizar o detener a millones de indios. El día 30 de enero de ese año fue asesinado a tiros por un fanático.
El DENIP está pensado y se celebra como una jornada educativa de pacificación, que pretende iniciar a los educandos, a través del método de la reflexión personal, al descubrimiento del principio fundamental de que "el amor es mejor que el odio, la no-violencia mejor que la violencia, y la paz mejor que la guerra" (Vidal, 1972). Esta jornada pedagógica fue reconocida, primero, por el Ministerio de Educación y Ciencia, mediante Orden Ministerial del 29 de noviembre de 1976; pero el respaldo definitivo para su implantación le llegó cuando, en 1993, fue reconocida por la UNESCO.
Alguien podría objetar que por qué un día para la paz, cuando la paz es cosa de todos los días del año y de la misma vida... Efectivamente: educar para la paz, en la cooperación al desarrollo, en la solidaridad universal, en el respeto por las diferencias y en otros muchos valores humanos que ayudan a madurar y a hacer de nuestros niños personas de bien - y que darán como fruto la paz entre los humanos-, ha de ser una constante en el proceso educativo de nuestros menores; y los padres en casa y en su ambiente, primero y principalmente, y los maestros y educadores por delegación de éstos, hemos de trabajar con tesón en ello todos los días del año. Eso no quita para que, una vez al año, en este caso el día 30 de enero, celebremos una jornada dedicada específicamente a celebrar, disfrutar, exaltar LA PAZ; y que, a poder ser, no sólo intervengan en ella los niños de los colegios o de las parroquias, sino también sus padres y hasta las autoridades locales del entorno.
El DENIP es una oportunidad más de contribuir a que los centros escolares y los ambientes en los que se mueven los menores (parroquias, catequesis, centros juveniles, asociaciones...) se conviertan en instrumentos de paz y de entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión. No por nada se dice que la escuela es un reflejo de una sociedad: precisamente porque en ella se educa para la vida y trata de desarrollar en los alumnos las capacidades y competencias necesarias para una activa participación social.
Está claro que, mediante la educación, es posible contribuir a la concienciación de toda la sociedad para la construcción de un mundo mejor, un mundo más justo -“Si quieres la paz, trabaja por la justicia” dijo en su momento con gran acierto el Papa Pablo VI- y más humano, que permita que todas las personas tengan las mismas oportunidades para desarrollar plenamente sus facultades en el seno de una sociedad democrática, libre, justa, responsable y en paz.