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¡Por fin en INHAMIZUA! - del DIARIO del P. Joaquín [agosto de 2008]

El 25 de julio, fiesta del apóstol Santiago, después de haber amueblado las dos primeras casas y transportado en varios viajes algunos enseres que ya teníamos en la casa alquilada, nos trasladamos, por fin, a vivir a Inhamizua.

El terreno está a  20  Kms. de Beira pero se llega enseguida, pues se encuentra a unos 200 m. de la carretera principal de Mozambique, por un camino amplio que lleva al “Matadouro”
Es un barrio muy poblado, aunque los árboles -en particular mangos-, ocultan las pequeñas y numerosas viejas casitas y chabolas donde vive la gente. La gente se dedica a la agricultura, y los recursos son muy escasos. No llega aún la electricidad, es cierto, pero nos servimos de un pequeño generador que da luz desde el anochecer (desde  las 18,30 h.  hasta las 22,00 h.). Sí, en cambio, tenemos agua potable, gracias a una benefactora italiana, y las casas ya están enganchadas a la red hidráulica, de la que se benefician también los vecinos -25 l. por familia y día- por expreso deseo de la benefactora: la presión de la tubería sube el agua a unos tanques y desde allí se distribuye a las casas.
En realidad, la gente cocina y hace vida fuera de la casita o de la choza, por eso nos saludan al pasar -en realidad, se saludan, son muy sociables-, y vienen a nuestro encuentro y muestran su alegría por nuestra presencia en el barrio; en particular los niños que si nos ven con una cámara de fotos enseguida se amontonan delante para posar y luego verse retratados...
En el terreno adyacente -un vallado nos separa y sirve de protección para que los niños no corran peligro- siguen las obras: relleno y nivelación del terreno -primero quitan la buena tierra del lugar y la reservan, luego rellenan y por fin cubren otra vez con la buena tierra que habían apartado- antes de que llegue el período de las lluvias, lo que supone camiones y más camiones que van y que vienen y que con sus volquetes no paran de traer y descargar grava y material de relleno- y la construcción de la segunda fase de la LAR: comedor, cocina, baños y duchas, por el lado de la fachada; y los talleres, hacia atrás; además, la última casa aún no está terminada... ¡A las siete de la mañana hay ya más de treinta obreros trabajando!
A los pocos días de estar allí, Acción Social de Beira nos envía ocho nuevos niños, musulmanes ellos, alojados hasta entonces en las dependencias de una mexquita, que no tardan en congeniar con los “veteranos” de la casa. Son niños tímidos, pero muy afectuosos.  La primera atención es curarles la tiña de la cabeza y ayudarles a sacar las mataqueñas de los pies. Después, algún cambio en el menú (nada de cerdo) y organizarnos para que puedan hacer la oración prescrita por el Corán (cinco veces al día). Y como todo tiene su parte “buena, pues...con más de veinte niños ya pudimos hacer una selección para jugar al fútbol (los nuestros estrenaron las camisetas del Barça que alguien nos había regalado en España) y competir con otro equipo de la zona; ganamos... ¡a penaltis! y la euforia les duró unas horas. Ahora sólo esperamos que la cuarta casa esté preparada para acoger un grupito de niñas.
La escuela está a pocos pasos de nuestras casas -no hay más que cruzar el amplio camino del “matadouro”- por eso los niños, innumerables, corretean siempre por los alrededores, especialmente ahora, con tanta novedad, entre los camiones-volquete de las obras y la llegada de los nuevos vecinos -nosotros-. Los niños en Mozambique son una auténtica riqueza: son, efectivamente, tantos, que hasta hay tres turnos para la escuela; tres turnos de aproximadamente dos horas y media cada uno, o sea, dos de mañana y uno de tarde... Es fácil entender lo débil, lo floja que resulta la instrucción escolar de esta manera...
Nuestros niños  asisten todos los días a la escuela pública con los demás niños del barrio, como parte del proceso educativo somasco, que trata de favorecer su reinserción en la sociedad que, de alguna manera, los ha marginado. Al haber tres turnos, algunos niños de los nuestros van a la escuela muy temprano; otros lo hacen a media mañana, y  unos pocos tienen el turno de después de comer; mientras, con los que están en casa -horas y horas, claro- hay que organizarse, para que no se aburran y no se den a la vagancia. Y así, la vida de cada día transcurre entre el aseo de su propia ropa -sin corriente, no hay lavadora...-, juegos -les encantan las bolas, las damas y, naturalmente, el fútbol, al que juegan descalzos aunque el balón sea duro como las piedra- y los deberes, por supuesto, junto con algo de refuerzo escolar. Los Padres, la “titía” y tres  educadores se turnan para acompañarles. Un buen grupo tiene también su pequeña parcela de terreno para cultivar, y han sembrado tomates, cebollas, ensalada…, así que se entretienen regando y limpiando; otros cuidan de los animales, aunque por ahora sólo pájaros -tienen una habilidad particular para cazarlos vivos- y dos perros.
Los viernes por la tarde  es, para los niños, día de fiesta: un grupo de chicos y chicas de la parroquia de Makuti, en Beira, donde los Padres Somascos colaboraban pastoralmente, se han constituido en asociación de voluntariado con un proyecto inspirado en la misión de San Jerónimo Emiliani, para ayudar a los niños desfavorecidos a recuperar una vida normal. Su grupo se llama “Projecto caridade”, y su lema: “Ayudemos a nuestra flores a crecer”, en una clara alusión a lo más bonito que tiene un pueblo: sus niños y niñas. ¡Vienen, pues, a jugar! Como ya lo saben, los demás niños del barrio acuden, ellos también, y de esa manera se integran todos. Es, efectivamente, una fiesta.
Los domingos  celebramos  la misa en el comedor, aún en construcción; los niños son más de cien... y  tienen su lugar a la derecha del celebrante, sentados en sus esterillas; llaman la atención las hermanitas y hermanitos “mayores” con sus hermanos pequeños a la espalda, recogidos en la “capulana”. Después, en primera fila las cantoras y los responsables de las comunidades; a la izquierda, los que tocan los “batuques”; y después, la gente, que acude cada vez más numerosa. Muchos cantos, mucha devoción  y un inicio de danza… Los tres seminaristas somascos están encantados de empezar a practicar: catequesis, actividades con la gente joven…
Hay un goteo permanente de personas que vienen a casa para pedir trabajo: es, en realidad, lo que más falta y lo que más desean todos. Tomamos nota, con la esperanza de poder ofrecerlo cuando empiece a funcionar el centro de día y después, cuando se acondicione el terreno de atrás, destinado a la agricultura y a algo de granja.
El bien que se puede hacer es inmenso; y además, la capacidad de acogida de estas personas, su necesidad  y las ganas que tienen de aprender es tan grande que es un regalo estar con ellos. Ya hemos podido hacer mucho, gracias a la colaboración de tantas  personas a las que recordamos con agradecimiento. Su ayuda ha caído en terreno bueno y crece, con  la esperanza de que se ha de multilicar. “La mies es mucha; pero los obreros pocos; roguemos al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Así, con las palabras de Jesús, rezaba en su tiempo san Jerónimo; así seguimos rezando hoy nosotros, porque la realidad es, hoy como ayer, muy parecida...

P. Joaquín Rodríguez Romero crs
Superior Provincial.

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