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TESTIMONIOS:
Yo he sido VOLUNTARIA en
Mozambique
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En mi
viaje a Mozambique del pasado mes de abril, he podido
admirar la maravilla natural, el paraíso terrenal en que
viven los mozambiqueños. Pero también he visto sus
condiciones de vida, que, desde luego, no son las más
idóneas... para nuestra mentalidad europea.
Los que viven en
el medio rural (sólo conocí la misión de Barada, donde
trabajaban los Padres) tienen las necesidades primarias
cubiertas, pero ¿de qué manera?: para ellos, los muzungos
(nosotros, los blancos) somos la única puerta abierta al
"mundo"; y es triste ver a muchachos de 17, 18, 22 años, o
ya no tan muchachos de 44 y 55, vivir sumidos en esa
ignorancia. Los de la ciudad (Beira) son más conscientes de
lo que no tienen, pues la modernidad está llegando; pero
sólo unos pocos pueden acceder a ella.
Los niños que
piden por plazas y mercadillos, de seguir en la calle dos
años más, acabarán en la delincuencia: con esos van a
trabajar los Somascos, porque muchos de ellos son huérfanos,
y, desde luego, todos abandonados. El proyecto que en estos
días se está fraguando, prevé recogerlos -por ahora en una
casa alquilada-, para que tengan una vida digna y asistan
regularmente a la escuela.
Mientras, se irá
poniendo en marcha -ya están en ello- la construcción de un
centro especializado y multifuncional. A mi entender, las
perspectivas son buenas, pues las necesidades del mundo
infantil y juvenil son muchas. Tendrán que perfilar y
completar el proyecto, para un mejor servicio a los chicos:
la idea es levantar una "aldea infantil", pues permite la
construcción por módulos, de acuerdo con las necesidades
reales y los recursos.
Volviendo a mis
vivencias: he comprobado que esta buena gente son más
felices que nosotros; que sus hijos son más felices que los
nuestros; y que sus ilusiones y deseos caminan por otros
derroteros:
• poder ir a ver a su madre, que vive en otra provincia, y
no la ve desde hace años; o encontrar a su hermana, a la que
no ha visto desde que murieron sus padres (hace seis o siete
años), cuando cada uno se quedó con una tía en provincias
distintas; |
• jugar con unos globos, que es la primera vez que los ven;
o ponerse una camiseta que lleva en el pecho Diputación de
Toledo, o Almería, o Virgen del Rosario…; o esperar el
recreo para recoger frutillas silvestres, muy ricas, para
el camino de vuelta a casa (hay quien hace 4 ó 5 kms. cada
vez);
• cuando den vacaciones, llevarles un conejo de regalo a las
monjitas de Beira que le están ayudando en sus estudios, ya
que su padre es alcohólico y no tiene madre;
• matricularse en la escuela y llevar uniforme; o enseñar
con orgullo las notas a los Padres, pues va bastante bien
aunque se matriculó tarde, y hace los deberes a la luz de
una farola;
• pedir prestado dinero para poner un negocio de venta de
petróleo a su mujer; u oir una nana en francés y en español,
para ver cómo suena (hablo de chicos de 21 años...);
• poder comer, en Beira, en casa de Donna Enma (arroz blanco
con algo de gallina, por unos 0,35€), pues no han desayunado
y, probablemente, no cenarán; o tener unas chanclas, para no
quemarse en el asfalto;
Éstas y otras
cosas, las pueden conseguir con la ayuda de Bruno, Juanma y
Pedro allí..., ayudados por los que estamos aquí.
Las ilusiones de
nuestros hijos son muy distintas, ¿verdad?:
• que les compremos la wii porque están cansados de la play;
• que quieren una moto porque han aprobado todas.
Comprar,
comprar, comprar: ¡nunca estamos satisfechos! Siempre hay
alguien que tiene algo que nosotros querríamos tener...
Cuando estaba
allí, pensaba: ¿por dónde empezar?, ¿qué es lo primordial:
alimentación, educación, sanidad; niños, adolescentes o
adultos; los del campo o los de la ciudad...? ¡Imposible!
¡No sabes por dónde empezar! Y te vienes abajo. Luego, te
das cuenta de que si los gobiernos no ponen manos a la obra,
aquello no hay quien lo solucione. Y mientras ellos piensan
en como poner manos a la obra, ¿nosotros podemos hacer
algo?; o, como ya son felices, ¿nos quedamos de brazos
cruzados?
Tras asumir sin
deprimirme que me veo tan pequeña, tan limitada; que querría
hacer tanto y que hay tanto por hacer, me he propuesto que
haré, |
desde luego, todo lo que esté en mi mano.
Los 18 días que
he vivido allí, puedo decir que han sido intensos y, aunque
con algunas personas sólo he compartido breves momentos, los
llevo en el corazón, que se te clavan de una manera que
antes no podía sospechar. Ellos me pedían que cuando
volviera a mi tierra, no los olvidara; y, desde luego que no
los olvido: allí he dejado un trozo de mi corazón.
Maxi
Aranjuez, 3 de mayo de 2007 |
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Maxi Patiño
es Directora de la Escuela Infantil del
CAS, de los PP. Somascos, de Aranjuez y miembro del
Patronato de la FSE |
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No es
la primera vez que colaboro con los Padres Somascos
en Mozambique: ya el año pasado lo hice en la Misión de
Barada, y la experiencia fue muy interesante. LLegué a
Africa con toda la ilusión del mundo, deseosa de ver "en
directo" lo que era una misión, el trabajo de los
misioneros, las necesidades de la gente, de comprobar si se
podía vivir sin todas esas cosas que en nuestro mundo son
imprescindibles...; y fue, sin duda, muy enriquecedor: la
tranquilidad de esta gente, el acomodarse a lo que tienen
sin ningún síntoma de ansiedad ni rabia, supuso, desde
luego, una gran lección para mí.
Esta vez, la experiencia fue muy diferente: no era la
misión, donde las cosas funcionan perfectamente, las
responsabilidades están repartidas y la vida muy regulada;
sino la ciudad, Beira, la vieja capital colonial, hoy
reducida a ruinas, con un alto índice de miseria,
enfermedades y falta de todo. La labor de los Padres Juanma
y Pedro, que ya conocía, y ahora también de Bruno, en favor
de estas personas, es encomiable, dentro de las
posibilidades de que disponen. En este momento acogen en su
casa a 12 niños: 2 vienen directamente de la calle, y 9 le
han sido confiados por los servicios sociales municipales,
con los que están colaborando codo con codo. Y realmente, el
trato que reciben los niños es como si estuviesen en su
propia casa, con su verdadera familia: así de bien están
estos niños; francamente: parece que viven con sus
familiares. Y los niños son cariñosos, dóciles; se nota a
las leguas que, en sus cortas vidas, nunca se han sentido
como ahora.
Lo bueno será cuando ya funcione el
Lar
São Jerônimo Emiliani: entonces podrán acoger allí a
bastantes más niños de la calle que no tienen quién mire por
ellos, para los que ésa será la solución de su vida futura.
Si Dios quiere, dentro de algunos meses los Padres podrán
trasladarse a vivir allí y empezar a dar pasos de gigante en
esta tarea de la recuperación de los niños. Y sin duda,
todos sus esfuerzos serán muy fructíferos, primero, porque
San Jerónimo estará presente para que las obras vayan
haciéndose sin contratiempos; y segundo, porque Juanma,
Pedro y Bruno tienen puestas sus ilusiones y ganas en que
esto salga adelante, pronto y bien.
Un abrazo, Queca
*
Santiago, 12 de agosto de 2007
* Amelia Pereira Menaut es
Presidenta de la Cáritas interparroquial de Santiago
de Compostela.
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