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Haití/República Dominicana:    Un año después del terremoto y casi todo por hacer


Haití es un país "diferente". Es el país más pobre de América. Y probablemente, es el único de los estados americanos que forma parte del “club de la miseria”, esos países cuya supervivencia y posibilidades de desarrollo están, hoy por hoy, seriamente amenazados; mientras que, sin embargo, los países de su entorno son países de renta media.
En este contexto, el compromiso de las organizaciones de la Iglesia Católica es, probablemente, la única esperanza que le queda a la población caribeña de La Española, como la bautizaron los colonizadores.

moncho satolo


Como ya se sabe, los Padres Somascos han respondido inmediatamente a la emergencia después del terremoto de enero de 2010, especialmente gracias a la sensibilidad de nuestro Hno. Galli, responsable del Secretariado de misiones de la Casa general de Roma: él mismo se trasladó, junto con el Padre provincial responsable de las fundaciones de Centroamérica, a la Isla caribeña para ver directamente la situación y ponerse en contacto con las autoridades eclesiásticas, y a su disposición, y poder definir mejor el tipo de ayuda que se le podía prestar a la población damnificada, conforme a la misión somasca. Y nos mandaron a la frontera, a trabajar con los menores y la gente que -en su desesperación- trataba de cruzarla buscando una vida mejor en la República dominicana o más lejos... fuera de la propia Isla. Es el eterno drama de los "desplazados".
Al poco tiempo, por iniciativa del gobierno de la Congregación y bajo la responsabilidad de las comunidades latinoamericanas, dos religiosos -el P. Orlando Barajas, colombiano, y el Hno. Juan Carlos González, salvadoreño- se desplazaban al país, con el doble objetivo de dar una mano a otras organizaciones que ya estaban trabajando en ambiente de menores y de ir definiendo un proyecto de futuro dirigido por la Congregación.

orlando somascosorlando somascos


En este momento, las cosas están así: estamos ubicados en dos ciudades, que, en realidad, es como si fuera una grande:

- Ouanaminthe, en el Departamento Nordeste de Haití. Está situada en la frontera con la República Dominicana, siendo esta ciudad una de las más importantes en el comercio transfronterizo. Se encuentra frente a la ciudad dominicana de

- Dajabón, y separada de aquella por el río Masacre; es la capital de una de las 31 provincias de la República Dominicana, situada en el noroeste del país, en la frontera con Haití. Es lugar de comercio -famoso su gran mercado fronterizo, ubicado a lo largo de la ribera del Masacre, de frutas y hortalizas y otros productos agrícolas de la zona, abierto a sus vecinos de Haití-

La pequeña comunidad somasca que se desplazó a la Isla poco después del terremoto, dedicó un período de tiempo a tomar conciencia de qué se podía hacer, a pensar y preparar un proyecto de ayuda sobre todo a los menores damnificados y a buscar un terreno adecuado para realizar la obra. En este momento, tras un año de presencia, de entrada, se han dado a conocer a las fuerzas de Iglesia y a los servicios sociales de estas dos ciudades separadas por la frontera natural del río; y ahora están en grado de repartir sus fuerzas y su actividad en los dos frentes.
En Ouanaminthe, Haitì, con una población de 100.000 habitantes, el ayuntamiento ha puesto a disposición de ellos un pequeño terreno para que "hagan algo", en palabras de su alcalde. Mientras se elabora el proyecto -está en manos de los técnicos- para poner en marcha un centro diurno con una escuelita elemental, un comedor social para niños y algún taller ocupacional para adolescentes, los padres, con la ayuda de colaboradores voluntarios, están repartiendo diariamente casi ciento cincuenta comidas -básicamente un abundante plato de arroz con un poco de acompañamiento (calamares, carne, etc), una bebida y poco más, dependiendo de las provisiones y recursos de que disponen- en un chamizo puesto a su disposición por las autoridades. Les han repartido también material escolar -cuadernos blocs, libros de pintar y leer, lápices, bolígrafos pinturas...- a los niños, para animarlos e incentivarlos a asistir a las escuela. Y, sobre todo, están con ellos para jugar y tenerlos ocupados y atendidos. Con un equipo de médicos y personal sanitario voluntario americano y a ayuda de una religiosa que trabaja en la zona, hemos promovido una campaña de control de la salud, vacunas, etc., para concienciar a la población sobre la importancia de la atención sanitaria.

En Dajabón, República Dominicana, el drama de los niños y niñas huérfanos y solos no es menor que en la ciudad de enfrente: muchos niños haitianos han pasado la frontera en busca de un futuro, teniendo en cuenta que ésta -la República Dominicana- es la parte "rica" de la isla. En muchos casos -el Servicio Jesuita a Refugiados lo ha denunciado recientemente- se les está llevando para la explotación o laboral o de otro tipo, en un país turístico como es éste: por tanto, el trabajo no falta. En esta ciudad los padres han comprado un terreno muy amplio para levantar una aldea infantil dotada de diez pequeñas casas para la atención de menores totalmente abandonados, una escuela y un centro profesional, un comedor y un dispensario.

Pero, a pesar de que las ayudas para esta obra van llegando providencialmente -desde EMILIANI, ongd hemos colaborado, canalizando la aportación hecha por las organizaciones sociales de Aranjuez y otros; y seguimos- , las dificultades para registrar la propiedad del terreno retrasan las ejecución de las obras y del proyecto, que día a día se hace más necesario y urgente.
En esto estamos.

Francisco M. FERNÁNDEZ crs

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