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¡UN AÑO DA PARA MUCHO! - del DIARIOdel P. Joaquín:

   Todas las fotos del reportaje son de MONCHO TORRES, voluntario de EMILIANI, ongd en Beira

moncho satolo

Hacía justo un año que no regresaba al Lar São Jerónimo. En aquella ocasión había acompañado al P. Carlos, recién destinado a esa comunidad; y entonces, cuando volvía para España, los albañiles aún campaban por sus respetos: las aulas no estaban terminadas, del salón de usos múltiples sólo había los cimientos, la casa para la comunidad y los jóvenes vocacionados no era más que unos muros de ladrillo, la zona agraria estaba sin nivelar, y los talleres esperaban que se fijase su utilización.

Este año, a mi vuelta, todo había cambiado: aunque el camino que lleva al Centro se había deteriorado, me encontré, al entrar, con un conjunto de edificios ya acabados, con plantas y arbolitos que embellecían el paisaje, con aulas ocupadas por los alumnos y alumnas de las clases de alfabetización, con la panadería a pleno uso, con la casa religiosa a punto y el terreno de la agropecuaria a pleno rendimiento: la vieja laguna alargada para recoger las aguas pluviales, una gran extensión nivelada de tierra hegra para cultivo de hortalizas y numerosos árboles de sombra y frutales (ya se han plantado unos 700). También hay un pequeño gallinero, que sirve tanto para consumo propio como para vender a los vecinos, además de las cabras; y se está construyendo una pocilga o cochiquera o cuadra de cerdos, que también así se llama. Un nuevo pozo asegura el abastecimiento de agua. Y en los talleres ya hay esperando maquinaria y materiales, parte enviado desde Italia y otro adquirido aquí, en la Cidade da Beira.

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La impresión -y la visión- a quien llega es, desde luego, muy grata; pero me queda por ver lo más importante: los niños.

Como es natural, los que ya conocía -niños y niñas- han crecido, están, en general, más fuertes, más desarrollados, más hermosos… incluso los afectos de SIDA, que, aunque serenos y alegres, siguen siendo muy vulnerables. Sobre los nuevos no sé qué decir: siempre son encantadores, aunque con sus necesidades de afecto, atenciones y cultura.

Pude comprobar, con satisfacción, claro, que la asistencia a la escuela de los Hermanos de la Salle (en dos turnos, mañana y tarde) les ofrece una oportunidad más rica para formarse y proporciona a todo el Hogar la posibilidad de una mejor organización del tiempo. También las clases de apoyo y refuerzo escolar, que se imparten con regularidad conforme al Proyecto que está patrocinando EMILIANI, ongd, ayudan, desde luego; y así los niños -que en este momento son 49, de los cuales 12 niñas- han mejorado los hábitos de orden y de limpieza, pero también de estudio... y sus resultados.

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Durante este tiempo -un trabajo que había empezado hacia finales de noviembre pasado, coincidiendo con las vacaciones, y que nosotros hemos llamado Proyecto “Donde comen 8 comen 10”, para ayuda a familias acogedoras- se ha logrado contactar con familiares de algunos de los niños; y, de acuerdo con Acção Social, varios han empezado a pasar los fines de semana con ellos. El milagro es que una de las niñas, Lúcia, está viviendo en acogimiento real desde navidades con la familia... ¡del chófer del Centro! -seis hijos-, que se la llevó con ellos para que no quedara sola esos días y encajó tan bien que dieron el paso. Además, dos de los educadores también invitan con frecuencia a los más pequeños a pasar unos días en su propia casa, con su familia: y entre unos y otros, se va creando en ellos -que en muchos casos vienen directamente de la calle, sin apenas experiencia familiar o muy tocada-, una manera nueva y agradable de ir recuperando esa relación perdida. Porque es de gran importancia en el proceso formativo de estos niños y niñas que puedan conocer y convivir, aunque sea por poco tiempo, en un ambiente familiar sano; no sólo para cambiar de aires y de mentalidad con respecto a lo que es una verdadera familia -¡que ya sería mucho- sino porque ese entorno les ofrece la oportunidad de adquirir una serie de valores y de hábitos que son más fáciles de percibir y aprender en la vida diaria de una familia que en un centro de menores, por muy familiar que éste sea.

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Aún así son muchos los niños que quedan en casa y pasan el tiempo como el resto de los niños del barrio: entre juegos, paseo, clases, deberes y algo de trabajo… La colaboración entre el Hogar, los servicios sociales y las familias -carnales o de acogida- es una tarea que abre, evidentemente, cauces a una mejor inserción y a un mejor futuro de estas niñas y niños, a la vez que posibilita un servicio inmediato a aquellos que necesiten con urgencia del Hogar sin que éste llegue a masificarse. En este sentido hemos empezado a colaborar también con el Infantario de Beira y con un proyecto de promoción de familias acogedoras impulsado allí mismo, en Beira, por Annalisa, una juez italiana voluntaria muy sensibilizada con el tema.


MÁS PROYECTOS...

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Con los edificios terminados, urgía organizar y poner en marcha los talleres del Centro. Tras valorar distintas posibilidades y consultar a gente del sector y a autoridades, nos decantamos por ofrecer gratuitamente varios cursos de formación profesional ocupacional (carpintería, soldador, electricidad, albañilería, fontanería, sastrería, peluquería y estética, informática…), que serán reconocidos con una titulación por el Ministerio de Trabajo, primero, a los adolescentes de nuestro Hogar, y, de acuerdo con los Servicios Sociales, también a otros muchachos (en total unos cincuenta, en turno de mañana) provenientes sobre todo directamente de la calle. Hemos preguntado a varios de esos adolescentes, ya conocidos nuestros, que merodean por las calles de Beira, y se han mostrado muy dispuestos a participar. Ni que decir tiene que la propuesta a Acción Social le ha parecido oportunísima.

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Que necesitaremos recursos económicos... extra, tampoco es una novedad: además del coste de la escuela, habrá que sufragar, al menos en parte, el transporte de los alumnos de las calles de Beira al Centro -unos 23 km de ida y otro tanto de vuelta- y, si pude ser, también la comida. Hemos estudiado la manera en que la actividad pueda, aunque sea en una mínima parte, autofinanciarse: de entrada, algunos de los cursos impartidos se abrirán también a muchachos y muchachas de las familias del entorno, que, aunque de economías modestas, algo puden contribuir; y después están los beneficios de la incipiente huerta y de los animales, gallinas, cabras, cerdos..., además de algunos trabajos que se efectuarán en los talleres (la panadería, por ejemplo, o la sastrería, que algo van haciendo. Y contamos, además, con el apoyo/patrocinio de algunas instituciones de la Ciudad, cosa que parecía imposible hace cuatro años...

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Creemos que este proyecto -humilde visto desde nuestro hemisferio y nuestro contexto; muy ambicioso si lo consideramos en su entorno- puede empezar ya con el próximo curso escolar, es decir, allí en febrero del año que viene. Naturalmente empiezan a plantearse ya las primeras las necesidades: un transformador, montaje de los talleres, herramientas y material fungible… De momento, nuestros misioneros están con el papeleo: la documentación para su aprobación en el Ministerio, los permisos, el programa...

La finalidad de esta actividad es, claro, la de capacitar a esta juventud mozambiqueña emergente, absolutamente desfavorecida y marginada, para el trabajo como modo de contribuir a su desarrollo personal y familiar, y al propio desarrollo del País, algo absolutamente necesario hoy en Mozambique. Sin duda, Dios proveerá.

P. Joaquín RODRÍGUEZ ROMERO crs - Presidente

 

 

 

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