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       [21.11.2017] S.O.S Universitarios:

Memorias de África

Reproducimos a continuación las impresiones dejadas por Dª M. Ángeles Aymat, Presidenta de la FSPN, quien recientemente, visitaba el Lar São Jerónimo, de Beira, acompañada por D. José Carlos Rubio, vicepresidente de proyectos, y Carmen, la mujer de éste.


 
  "Tres sacerdotes somascos, dos de ellos españoles y uno nigeriano, acogen, cuidan, educan, alimentan y atienden, en el Lar Sao Jerónimo de Inhamizua, Beira, en Mozambique, a 73 chicos de la calle, en edades comprendidas entre los 7 y 22 años, y los preparan para que sean capaces de enfocar y dirigir su propia vida el día de mañana.
  A las 5 de la mañana, uno de los misioneros se levanta para preparar el desayuno y un bocadillo de pan con mantequilla para el primer grupo de menores que hay que llevar, en coche, al centro educativo correspondiente. Para este grupo, las clases comienzan a las 7 h.
  Mientras, otro de ellos, se ocupa de preparar, de igual modo, el segundo turno, que habrá que acompañar a las 11. Algunos, cuyo centro escolar está más próximo, se desplazan a pie, a esa misma hora.
  El tercero, mientras tanto, junto con un seminarista, se ocupa de la intendencia general del Lar S.J.


  Aunque se pretende que los chicos vayan calzados, lo cierto es que generalmente están descalzos [esta característica se repite, una y otra vez, en todas las misiones que hemos visitado].
  A las 8 de la mañana, los religiosos y el seminarista, se reúnen para sus oraciones y para celebrar la Misa. Nosotros también participamos.
  El último grupo tiene las clases por la tarde, a las 15 h. y, a ese grupo, también hay que transportarle. Es de reseñar que, en Mozambique, no hay libros de estudio, por lo que la enseñanza es oral y hay que memorizarla o tomar apuntes; porque sí hay exámenes.
  Ni que decir tiene que, a los que se lleva, hay que recogerlos a la hora correspondiente; con lo que, entre idas y venidas, sin descuidar las tareas propias del mantenimiento y cuidado del Lar [preparar comidas, la gestión administrativa, las compras en Beira, atender la escuela profesional, ocuparse de los grupos que están en casa en las horas de no colegio, etc.] discurre el día ocupadísimo, como podría ocurrir en cualquiera de nuestras familias.

   Eso sí, con el plus añadido de no contar con nadie más que su disponibilidad y sus manos, y la dificultad, al tratarse de niños y adolescentes que, por problemas de orfandad, abandono o violencia física o psíquica, se han visto abocados a sobrevivir en la calle, con los riesgos que eso comporta [en su día, la gran mayoría de los muchachos, fueron recogidos de la calle, y ahora son educados con cariño, no exento de autoridad y firmeza, para evitar conflictos internos]. Algunos incluso tienen SIDA y, de vez en cuando, necesitan hospitalización y cuidados extra, para lo cual cuentan con la ayuda de los propios muchachos mayores. Como en una familia.
emiliani_ongd   Otra complicación resuelta son los turnos de comida, que están en función de los horarios escolares, por lo que son intermitentes.

  Imparten también cursos de formación profesional: carpintería, electricidad, costura... para ofrecer a jóvenes de ambos sexos, la posibilidad de afrontar en el futuro su propia vida con independencia.
  Disponen también de una Capilla para la celebración de actos litúrgicos y la Misa dominical para los habitantes del entorno que quieran acudir.
  Por la tarde, a las 19 h. los religiosos se reúnen para sus rezos, mientras los muchachos son atendidos por educadores; y a las 20/20,30, ya con todos o casi todos en el Lar [a veces alguno de los mayores llega un poco más tarde de clase], cenan juntos.
  También se les enseña a cuidar sus habitaciones y ropa, a lavar, barrer, colaborar en la cocina, cuidar de los animales del centro y del escaso huerto, cuando se puede trabajar... para que el día de mañana puedan ser autosuficientes y sepan organizar su vida de forma digna.
  Para su subsistencia, disponen de gallinas ponedoras y alguna vaca [sólo dan solo 1 litro de leche al día]. Tuvieron cerdos, pero se les murieron de peste; y la agricultura –acelgas, ensalada y alguna cosilla más– es difícil, dado que están por debajo del nivel del mar y el agua de los pozos suele ser salada.
  Carecen de agua corriente [hay que cogerla con cubos tanto para lavar las cosas como para la higiene personal]; y la luz va y viene a su antojo.
  Como están ubicados en un entorno socialmente muy deprimido y rodeados de la más absoluta miseria, –las casas de los alrededores son de lata, cubiertas de uralita y suelo de tierra–, los riesgos de robo, violencia o agresión son muy elevados. De hecho, los misioneros han sufrido ya algún acto de violencia, incluso con armas de fuego: hay un par de guardias de seguridad, que vigilan todo el día.
  Llama la atención la alegría que transmiten los muchachos.”

M. Ángeles AYMAT ESCALADA
Presidenta Fundación Sociedad Protectora de los Niños

 

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