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Benedicto XVI:   SALVAGUARDAR LOS DERECHOS DEL MENOR EMIGRANTE

Jornada Mundial del Migrante - 17 de enero de 2010


El pasado 27.11.09, la Santa Sede, en rueda de prensa, daba a conocer el mensaje del Papa con motivo de la 96 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que tendrá lugar el próximo 17 de enero de 2010. El mensaje lo traemos a colación porque este año, el tema de la Jornada gira en torno a “Los emigrantes y los refugiados menores de edad”. Un tema que, a los amigos de EMILIANI, ongd, nos es particularmente entrañable y querido porque toca las raíces esenciales de nuestra razón de ser y de nuestro servicio al menos desamparado.

Por eso, os proponemos hoy reflexionar con las palabras de Benedicto XVI -el mensaje completo se puede leer en: www.zenit.org - a cerca de este tema vital, que nos ofrecerán la ocasión para reforzar las razones de nuestro compromiso social y aportarán, sin lugar a dudas, luz para nuestras futuras actuaciones.

En su mensaje, el Santo Padre aprovecha la ocasión de esta Jornada para manifestar una vez más la permanente solicitud de la Iglesia por los que viven, de distintas maneras, la experiencia de la emigración. «Se trata de un fenómeno que impresiona por el número de personas implicadas, por la problemática social, económica, política, cultural y religiosa que plantea, y por los desafíos dramáticos que supone para las comunidades nacionales y para la internacional».

«El emigrante -sigue escribiendo Benedicto XVI- es un ser humano con derechos fundamentales inalienables que todos deben respetar siempre... La Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño afirma con claridad que hay que salvaguardar siempre el interés del menor; pero por desgracia, en la realidad, esto no siempre sucede. Los menores de edad a menudo son abandonados y, de varias maneras, corren el riesgo de ser explotados».

Recuerda el Papa que «de la dramática condición en la que se encuentran se hizo intérprete ya en 1990 Juan Pablo II en el mensaje enviado al Secretario General de las Naciones Unidas con ocasión de la Cumbre Mundial para los Niños. "Los más vulnerables -decía el papa Wojtyla- porque son los que menos pueden hacer oír su voz"». Por ello Benedicto XVI desea «...de corazón, que se dedique la debida atención a los emigrantes menores de edad, que necesitan un ambiente social que permita y favorezca su desarrollo físico, cultural, espiritual y moral. Vivir en un país extranjero sin puntos de referencia reales les genera innumerables trastornos y dificultades», a veces graves, especialmente si estos menores viven sin el amparo de una familia.

Hay adolescentes que, por su especial situación -sus padres han emigrado después de nacer ellos y ha habido una reunificación familiar; o tal vez, adolescentes, han emigrado ellos solos, sin familia- forman parte de dos culturas; esto supone ciertas ventajas, pero también no pocos inconvenientes. El Papa cree que «es importante que se les dé la posibilidad de acudir con regularidad a la escuela y de acceder al mundo del trabajo, y que se facilite su integración social gracias a las oportunas estructuras formativas y sociales». En relación con los siempre más numerosos refugiados menores de edad que piden asilo, huyendo por distintas razones de sus países, el Santo Padre invita «...a estudiar con atención y medidas de prevención, protección y acogida adecuadas» estos casos, «de acuerdo con lo previsto en la Convención de los Derechos del Niño».

Benedicto XVI -no podía ser de otra forma- exhorta, al tiempo que agradece cuanto ya están haciendo, a todos los cristianos -«a las parroquias y a las numerosas asociaciones católicas que, animadas por espíritu de fe y de caridad, realizan grandes esfuerzos para salir al encuentro de las necesidades de estos hermanos y hermanas nuestros»- a concienciarse «del desafío social y pastoral que plantea la condición de los menores emigrantes y refugiados». Y a continuación resalta que se trata de una misión encomendada por el mismo Cristo a sus discípulos: «Resuenan en nuestro corazón -escribe el Papa- las palabras de Jesús: "Era forastero y me acogisteis", así como el mandamiento central que Cristo nos dejó: “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, pero unido al amor al prójimo”.... De este modo, también la acogida y la solidaridad con el extranjero, especialmente si se trata de niños, se convierte en anuncio del Evangelio de la solidaridad».

Naturalmente, en todo esto, según el Papa, no sólo la Iglesia, sino también los gobernantes y los poderes públicos juegan un papel importante, y a ellos corresponde promover «iniciativas oportunas en su apoyo».

Benedicto XVI concluye su mensaje haciendo votos para que«la Santísima Virgen María vele maternalmente sobre todos y nos ayude a comprender las dificultades de quienes están lejos de su patria», y asegurando su oración «por cuantos tienen relación con el vasto mundo de los emigrantes y refugiados».

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