Explicábamos en el artículo de más arriba que ha habido “relevos” en Beira. El traslado a España de quien hasta ahora era responsable de la obra y Director del apenas abierto Hogar de menores, el P. Juan Manuel Monzón Villa, y la falta del refuerzo que aportaba el P. Chema Santamaría, ha obligado a una modificación sustantiva en la organización de la obra: mientras que ahora es el P. Carlos Moratilla el responsable de todo el conjunto, el P. Pedro A. López, ya veterano en la casa, ha sido designado Director del Hogar, o sea encargado de la gestión y organización de la vida de los menores y de la actividad y formación de sus educadores. Para ellos todo -o casi todo- es nuevo, y se enfrentan a ello con “nuevas ilusiones”.
Como consecuencia de su reciente visita, el P. Joaquín nos ha informado de lo que él ha podido constatar y de los encuentros que ha mantenido con la Comunidad, en vistas a organizar el futuro. Lo presentamos aquí a modo de balance, para que todos estéis al corriente de lo que estáis apoyando con vuestras aportaciones y generosidad.
«Me he encontrado con una obra muy cambiada... Hay muchos niños más; hacía un año que no los veía, y a los conocidos los encuentro más crecidos y más robustos; y es muy llamativa y colorista la presencia de las niñas.
Las cuatro casas (tres para niños y una para niñas están ya acabadas y funcionando a buen ritmo); ya se usa también y a todo meter, el comedor, que es amplio, luminoso y capaz. Los talleres ya están dispuestos (panadería, máquinas de coser, ...) y las aulas, a punto de rematarse; se está nivelando el entorno y hay que preparar el terreno del fondo para abordar el proyecto de plantación de árboles -estamos pendientes de la resolución del Ayuntamiento de Aranjuez al respecto-. Los numerosos albañiles que aún están trabajando dan una sensación de desarrollo e infunden ánimo y esperanza.
En un día normal hay siempre niños que van y vienen, ya que asisten a diferentes escuelas y a los distintos turnos en la escuela pública que hay al otro lado del camino, a menos de cien metros del Hogar. El día, para ellos, transcurre entre las clases (en la escuela pública sólo tres horas diarias para cada turno), juegos, trabajos en la huerta, limpieza, baño y pesca en la pequeña laguna, peinado de las niñas (es todo un rito importante para ellas...), deberes y refuerzo escolar... y baile; porque tienen que saber que un mozambiqueño el baile lo lleva en la sangre.
Algunos de los niños y niñas están afectados por el SIDA -el SIDA en Mozambique ¡también se lleva en la sangre!- y tienen su propia medicación; por eso, se les hace un seguimiento médico para contrarrestar los efectos de la enfermedad y prevenir su vulnerabilidad ante algunas de las enfermedades más comunes de la piel o afecciones de la garganta.
Una de las noches, después de la cena -hay que tener en cuenta que en Mozambique, las vacaciones de verano se corresponden con los meses de diciembre, enero y febrero-, el P. Pedro comenta con todos los muchachos la reciente entrega de las notas, que en general son muy buenas… Sólo una queja: un profesor ha lamentado la indisciplina de alguno de los muchachos; y P. Pedro, paternalmente, les hace ver cómo el formar parte de un grupo -el Hogar- y gozar, por ello, de algunas ventajas sobre los demás niños del entorno -y no digamos de los de sus aldeas de origen o de los muchos que aún quedan por las calles...- no sólo no debe inducirles a salirse de las normas…, sino que ha de incitarlos a respetar a las personas y a ser ellos los primeros en cumplir, por su propio bien “y por el buen nombre del Centro”.
Cada casa -están ya perfecta, aunque modestamente, amuebladas, con todo muy funcional, gracias a la ayuda de muchos colaboradores, públicos y privados- tiene un equipo de educadores, con sus turnos, que cuidan y acompañan a los niños en su desarrollo integral; aquéllos se reúnen semanalmente con el Director para organizar la actividad, pero también para recibir una formación permanente común, sobre todo en los aspectos más relevantes de la pedagogía somasca y de cómo encarnarla en esta realidad y en este ambiente.
La tarde de los viernes cuenta con la novedad importante de un grupo de jóvenes de la parroquia de Macuti, en la ciudad de Beira, a unos 23 hms de Inhamizua, parroquia en la que colaboraban pastoralmente los Somascos cuando aún residían en la ciudad; se autodenominan “Projecto caridade” y han encontrado en San Jerónimo Emiliani su referente de vida. Convocan a todos los niños del barrio en el campo fútbol, muy cerca de nuestras casas, al lado del “matadouro”, y allí se reúnen una infinidad de niños y niñas de todas las edades que disfrutan con los juegos, los cantos y las danzas que estos jóvenes les organizan y comparten con ellos. Los sábados y los domingos visitan otros barrios y otros centros de enfermos, para aportar esperanza de vida, en la medida de sus posibilidades. Me parece una importante labor para ir cambiando el país, aunque pueda ser tan solo un granito de arena en el desierto o una gota de agua en el océano.
El ambiente, el de los hogares, es muy familiar, gracias también al carácter apacible y cariñoso de todos, especialmente de los niños más pequeños. Hay, naturalmente, sus peleas, como en las mejores familias: “¡Fulanito me ha provocado!…”, pero se nota que se quieren y que están contentos de estar allí.
Y como en cualquier familia, la cocina es una parte importante de la vida y de las buenas relaciones en el Hogar: aquí está dirigida por el Sr. Paulino, un joven cocinero amable y con autoridad y buen hacer. Lo mismo se ha de decir de la lavandería, que lleva la Sra. Marta, con lavadoras o a mano, según convenga o funcione; lavar para 35 niños es una empresa aunque ayuden ellos mismos con algunas de sus prendas. Esencial también en este lugar es el chófer, el Sr. Sibante: moverse en Beira requiere una pericia experimentada y tratar determinados asuntos prácticos requiere también el consejo de un hombre de confianza como lo es él.
Hemos tenido reuniones entre nosotros; todo son proyectos e ideas que nacen ante una obra nueva: qué tipo de escuela profesional queremos, qué talleres son los más adecuados para las necesidades del entorno, cómo utilizar las aulas, dónde poner una enfermería y asegurar un seguimiento médico más frecuente para los niños y jóvenes que se acercan al la Lar, cómo habilitar un ropero, cuándo nivelar el terreno para empezar algunos cultivos... Son frecuentes las referencias a los “pedidos” que los Padres reciben, pues la indigencia de la población es tal que creen ver en ellos la extraordinaria posibilidad de conseguir un trabajo, una ayuda para reparar o construir su casita, o dinero para pagar unas medicinas o unos estudios…, y, a veces, hasta para lograr un capricho, ¡qué también tienen derecho! Para la Comunidad, discernir entre caridad y paternalismo no es siempre fácil». - P. Joaquín crs
Nos auguramos que este relato/experiencia, contado con el corazón, trasmita a todos los amigos y socios de EMILIANI, ongd la realidad de cuanto los Misioneros Somascos, a los que estamos apoyando están llevando a cabo en Inhamizua, Beira - Mozambique para contribuir a la mejora de la vida de los menores de este país que es, desde el punto de vista económico,el 8º más pobre del mundo, pero uno de los más ricos en recursos humanos: sus miles de niños y niñas.