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       [17.05.2020]: a vueltas con el coronavirus [2]

Las “pandemias” de otros

Un mensaje en trece idiomas distintos, desde el persa al swahili, dirigido a los “hermanos que creen en Dios, el Creador”, y a toda la “humanidad, en cualquier parte del mundo”, para que acudan a él a través de la oración y la súplica, cada uno allí donde se encuentre y de acuerdo con su religión, creencia o doctrina y le supliquen que elimine de la faz de la tierra esta pandemia del Covid-19, ha sido difundido el pasado 2 de mayo, sábado, por el Alto Comité para la Hermandad Humana, en este tiempo marcado por el coronavirus, bajo el título: “Oración por la humanidad”.

En él se invitaba a “responder a este llamamiento humanitario acudiendo al Todopoderoso con una sola voz, para que preserve a la humanidad, la ayude a superar la pandemia y se restablezca la seguridad, la estabilidad, la salud y el desarrollo, para que nuestro mundo, finalizada la pandemia, sea más humano y fraterno que nunca”.

Y proponía “un día de oración, ayuno y obras de misericordia para la humanidad”, propuesta que el Papa Francisco inmediatamente hizo suya.

El día establecido, el 14 de mayo, en la homilía de la misa desde Casa Santa Marta, el Papa recordaba que: “...esta pandemia vino como una inundación, vino de golpe. Ahora nos estamos despertando un poco. Pero hay muchas otras pandemias que hacen morir a las personas y no nos damos cuenta, miramos para otro lado. Somos un poco inconscientes ante las tragedias que están sucediendo en el mundo en este momento”. Y como quien no quiere la cosa, empezó a citar datos de una estadística oficial, que no se refería a la pandemia de coronavirus, sino a otras: “En los primeros cuatro meses de este año, 3 millones 700 mil personas murieron de hambre. Existe la pandemia del hambre... Esta oración de hoy para pedirle al Señor que detenga esta pandemia, debe hacernos pensar en las otras pandemias en el mundo. ¡Hay muchas! La pandemia de las guerras, del hambre y muchas otras...

¿A qué se estaba refiriendo el papa con eso de que hay “muchas pandemias”? Pues, en concreto, a tres: la pandemia de la guerra, la pandemia del hambre –“en cuatro meses, casi 4 millones de personas.”–, y la pandemia de los niños sin instrucción. Pandemias que provocan daños, víctimas y destrucción.

¿Por qué, entonces, aquí sólo se habla de coronavirus? Pues porque esa pandemia es “la nuestra”, es la que nos daña a nosotros, la que consiguió poner patas arriba nuestra vida. Ésta es “nuestra”. Guerras, hambre e ignorancia son “de otros”. Contra ésta nos toca luchar a nosotros; las otras, que las combatan ellos.

No sé yo si entre estas pandemias de otros existe una jerarquía, si hay una “madre de todas la pandemias” que genere o provoque todas las demás. Sí es sabido que las guerras generan pobreza y hambre, la cual, a su vez, genera nuevas guerras, en un círculo de esos de nunca acabar. Y que la falta de instrucción favorece la incomprensión, el no-diálogo y las hostilidades entre los pueblos; y de ahí otra vez a las guerras hay un paso.

Si buscamos bien, descubriremos que todos los problemas sociales que bloquean los países del Tercer Mundo tienen una raíz común, una “madre”: la ignorancia; el analfabetismo, la falta de instrucción y de cultura, ésa es la madre del subdesarrollo. En el 68 –1968, con su movimiento estudiantil– non se hablaba de países desarrollados y países subdesarrollados, sino países subdesarrollados y de países subdesarrolladores: que creaban subdesarrollo, vaya. Y con el subdesarrollo va siempre, de la mano, la falta de instrucción.

Los misioneros que se dedican a la enseñanza en cualquiera de sus formas, en los países del Tercer Mundo, son importantísimos: ofrecen –lo digo sabiendo que generalizar es, siempre, un riesgo, y, por eso, con respeto– lo que sus gobernantes no pueden o no les quieren proporcionar, la cultura.

Los grupos terroristas y fundamentalistas, que viven del miedo y de la guerra, se oponen al trabajo de estos misioneros, porque la juventud analfabeta es fácil de camelar para la causa –el Papa Francisco la llama “pandemia”– de la guerra. Combatiendo la ignorancia, se combate también la pandemia de las guerras y el hambre; un principio que vale para el Tercer Mundo, pero también –y en este momento es más que evidente ante las medidas de desinformación o manipulación de las noticias– para el nuestro.


La labor de nuestros hermanos Misioneros Somascos en Mozambique que vosotros, amigos, estáis apoyando y permitiendo con vuestras aportaciones económicas y no sólo, se desarrolla en esta línea de combatir la ignorancia. Os dejo un par de pequeños datos, que en su momento pasaron sin pena ni gloria, pero que no por eso son menores.

El primero de ellos nos lo proporciona una sencilla nota de agradecimiento de uno de los muchachos del LSJ, Estevão: se despedía, a finales de marzo, del Lar y de los Padres Pedro y Carlos, porque, con 20 años, dejaba la que, desde el 2012 había sido su casa y su familia. Allí se había formado y estudiado con interés y tesón, hasta conseguir un título de “Técnico en Medicina Geral” –que se corresponde con una enfermería nuestra o aquello de Ayudante Técnico Sanitario– y de haber realizado un curso de Educador. Pues bien, Estevão, el 30 de marzo pasado dejaba el Lar porque, tras haber ganado una oposición, acaba de firmar un contrato por 5 años para trabajar en un hospital rural de la Provincia de Sofala. Estevão es uno de los tres muchachos del LSJ que, a primeros de septiembre del año pasado, había sido invitado a participar en Maputo, la capital del País, a la inauguración privada de la Casa Mateus25 por el Papa Francisco.

«Soy huérfano de padre y madre. Vivía en la calle, en Beira, y en 2011 conocí a P. Pedro: charlábamos cuando él venía a la Plaza del Ayuntamiento a encontrarse con nosotros, los chicos de la calle. En 2012 me acogieron: tenía sólo 12 años. En el LSJ estudié los cinco años de Secundaria [equivalente a nuestro bachillerato], que terminé en 2016; luego estudié en el Instituto de Ciências da Saúde “Tenha Esperança”, de Beira, para Técnico de Medicina General, y terminé en el 2019. En agosto de ese mismo año realicé un curso de Educador, y me dieron un diploma de participación. Este año, 2020, me presenté a unas oposiciones y conseguí aprobarlas; estos últimos meses estaba trabajando como voluntario en uno de los hospitales de la Ciudad: ahora tengo mi propio trabajo, y quiero a agradecer al P. Pedro y al P. Carlos la educación recibida: también gracias a ellos, en 2015 me bauticé, y en 2018 recibí la confirmación. Doy las gracias a todos los Padres Somascos y hermanos que, trabajando día y noche, ayudan a los niños huérfanos como yo; y a estos dos hombres, P. Pedro y P. Carlos, por la educación recibida, el nivel académico que he conseguido, y el bautismo y la confirmación en la Iglesia católica. ¡Se lo agradezco enormemente!»

También –y es el segundo “dato”, aunque tenemos menos información– a mediados de febrero supimos que otro de “nuestros” muchachos, Waite –que también había a participado en Maputo en la visita del Papa Francisco, y que es uno de los jóvenes estudiantes universitarios impulsores del Programa Mateus 25 en Beira, en favor de los niños de la calle– una vez terminados sus estudios –se graduó en 2019 en Economia e Gestão–, fue contratado por la Universidade Católica de Moçambique como profesor auxiliar: ¡enhorabuena!


Francisco M. FERNÁNDEZ crssecretario
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